Producida por Fernando Mereilles (director de “Ciudad de Dios” y “El Jardinero Fiel”), dirigida por Cao Hamburger, la película recupera un momento olvidado y dramático de la historia brasileña que todavía hoy tiene plena vigencia y rabiosa actualidad. Cuenta la increíble historia de los hermanos Villas-Boas y de su primera expedición, a pie y en canoa, por el Amazonas, para conocer por primera vez de cerca a los poblados nativos.

En los años 40, tres jóvenes hermanos deciden embarcarse en una gran aventura que durará más de 10 años. Orlando de 27 años, Cláudio de 25 y Leonardo de 23, los hermanos Villas-Boas, se alistan en la Expedición Roncador-Xingu, la llamada “Marcha para o Oeste”, movimiento diseñado bajo el gobierno de Getúlio Vargas para conquistar, y colonizar el corazón de Brasil. Iniciado en 1943, fue dominando la región central de Brasil, abrió el sur de la Amazonia y entró en contacto con multitud de grupos étnicos indígenas totalmente desconocidos hasta la fecha. El liderazgo de los hermanos Villas Boas, basado en la filosofía de Marechal Rondon “morir si es necesario, nunca matar”; transformó el carácter inicialmente dominador y militarista de la “Marcha para o Oeste”. Gracias a ellos, lo que era una misión potencialmente violenta, se tornó en una expedición de contacto, de pacificación y respeto a la diversidad de los pueblos indígenas de la región central de Brasil. Para su preservación conciben la creación del Parque Nacional de Xingu en 1961: la primera reserva indígena de Brasil. Un trabajo reconocido mundialmente como uno de los más importantes para la preservación de la diversidad de los pueblos.

La saga empieza con el paso del Río Mortes, dónde rápidamente se alzarán como líderes de la expedición y se comprometerán a proteger los indios y sus diferentes culturas. En un viaje como no ha habido otro en la historia de Brasil, después de incontables aventuras y escaramuzas, 1500 kilómetros de caminos despejados, 1000 kilómetros de ríos navegados, 19 pistas de aterrizaje despejadas, 43 pueblos visitados, 14 tribus contactadas -y a pesar de la fulminante malaria- los hermanos Villas-Boas lograron crear el Parque Nacional Xingu en 1961, un parque ecológico y una reserva indígena del tamaño de Bélgica y que en la época era el más grande del mundo. El mayor de los hermanos, Orlando, se alza en portavoz de los indios cuando estos se dirigen a las agencias del gobierno y también se convierte en el responsable de poner freno a las interferencias del exterior. Claudio es el más idealista y a la vez el más consciente de las contradicciones de la expedición. “Somos el veneno y a la vez el antídoto”, dice. El menor, Leonardo, es el más entusiasta y valiente, aunque también es el más dado a pagar un alto precio por sus actitudes de acercamiento a los indígenas.

Cuando los Villas-Boas empiezan su aventura, pasan a través del territorio de los indios Xavante, una tribu guerrera, sin causar ninguna víctima en ningún frente. Seguidamente, pasan por la tribu de los Kalapo, temidos por haber supuestamente matado el explorador inglés Percy Fawcett. Pero, a pesar de su gran aprensión y contrariamente a lo que habían imaginado, los hermanos se convierten en grandes amigos con el Jefe Izarari y se enamoran de la cultura india y sus costumbres locales. Nunca se hubieran imaginado que allí sufrirían una de las mayores tragedias de sus vidas: una epidemia que ellos mismos habían creado y que casi aniquila a la tribu entera.

Xingu: La misión al Amazonas” revela las dificultades, los trabajos y la lucha para crear la reserva indígena y la consecuente preservación de diferentes tribus nativas, transformando a los Villas-Boas en héroes brasileños, y abriendo el debate en torno a varios problemas crónicos de la historia de Brasil. Años más tarde, los tres hermanos fueron nominados, al Premio Nobel de la Paz por su aportación en la conciliación de la civilización indígena con la occidental.

El Parque Indígena Xingu está considerado como una de las reservas más grandes y reconocidas de su tipo en todo el mundo. Fundado como Parque Nacional de Xingu, posteriormente denominado Parque Indígena de Xingu, en 1961, Orlando Villas-Bôas fue nombrado su administrador general. Durante el ejercicio de esa función, pudo mejorar la asistencia a los indígenas, garantizar la preservación de la flora y fauna de la región y reestablecer los centros de asistencia. Orlando Villas Boas favoreció la realización de estudios de etnología, etnografía y lingüística por parte de investigadores de universidades extranjeras y nacionales. También autorizó la filmación de documentales de la vida indígena, dando origen a una colección audiovisual de inmenso valor.

La épica aventura emprendida por los hermanos Villas Boas es uno de los episodios más importantes y controvertidos de la antropología brasileña y la historia indígena. El diseño del Parque Indígena del Xingu, los elevados costes de mantenimiento, el constante ataque de los madereros y terratenientes y las políticas indígenas del estado brasileño no siempre acertadas o coherentes son importantes para reflexionar sobre el significado de toda esta experiencia. En más de medio siglo de existencia, Xingu ha sufrido varios cambios que coinciden con la historia de la cuestión indígena en las últimas décadas. En sus inicios, la filosofía aplicada por Villas-Boas tenía por objeto proteger los pueblos indígenas del contacto con la cultura de los grandes centros urbanos. En ese momento, por ejemplo, ni siquiera se les permitía llevar zapatillas o montar en bicicleta, con el fin de evitar que nada cambiara la rutina de la comunidad.

Recientemente, el Parque Indígena de Xingu ha cumplido 50 años. “Algo profundo cambió en mi percepción del mundo en cuanto conocí el parque y su historia durante la producción del film ‘Xingu’. Sin duda, es uno de los mayores patrimonios de Brasil –y nosotros, brasileños, no tenemos la menor idea de lo que representa ni de lo que allí está protegido. Creado en 1961, es la primera reserva de grandes proporciones en Brasil. Alberga pueblos de cultura riquísima y filosofía milenaria, que viven en equilibrio, preservando su modo de vida, su dignidad, su cultura y vasta sabiduría, asimilando solo lo que vale la pena del ‘mundo de fuera’, siempre en sintonía con la naturaleza exuberante. Un verdadero santuario social, ambiental e histórico en el corazón de Brasil. Pero no estamos hablando solo de preservación del pasado y de la naturaleza. Lo que está siendo protegido allí es el futuro. No un futuro visto por los viejos oráculos, sucios y anticuados que ponían en marcha el progreso de la misma manera como lo hacían nuestros bisabuelos en la Revolución Industrial, sino un futuro del siglo XXI. Este tal vez sea el mayor patrimonio de Brasil hoy. Más valioso que todo el petróleo, la soja, la carne y el hierro que extraemos y también que todos productos derivados de la industria del automóvil y la alimentación que fabricamos. Lo que está protegido allí es un nuevo paradigma de cómo el ser humano puede y debe vivir. No estoy diciendo que precisemos vivir en chozas, dormir en tumbonas, bañarnos en el río o andar desnudos. Hablo de algo más profundo.
Algo nuevo para nosotros, llamados civilizados, que nacimos y fuimos criados como los dueños del planeta. Arrogantes y prepotentes, nos transformamos en el mayor agente destructor de nuestro propio hábitat. Un ejército furioso de destrucción. Un virus que se multiplica y ataca, transformando y destruyendo todo lo que encuentra en su camino con la presunción de que estamos construyendo un mundo mejor, más seguro, más confortable, más rentable. En Xingu, el progreso tiene otro significado. En Xingu, los hombres y las mujeres no viven como dueños del mundo, no fueron creados con esa arrogancia. Viven como parte del devenir de la vida del planeta, en ese devenir natural, entrelazado e interdependiente. El ‘progreso’ y el bienestar de los hombres está ligado al equilibro de tal devenir. Para los indios, hombre y naturaleza evolucionan juntos”.

Actualmente, en el área de Xingu viven, aproximadamente, 5.500 indios de catorce etnias diferentes pertenecientes a los cuatro grandes troncos lingüísticos indígenas de Brasil: caribe, aruaque, tupi e macro-jê. Centros de estudio locales e internacionales, incluso la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, consideran esa área como el más bello mosaico lingüístico puro del país. Las tribus que viven en la región son cuicuros, calapalos, nauquás, matipus, icpengues, meinacos, uaurás, iaualapitis, auetis, camaiurás, jurunas, caiabis, trumais y suiás.

La vida de los indígenas del Xingú, impensable fuera de su ancestral territorio, está lamentablemente amenazada por enormes intereses económicos: ya en 1989 una gran empresa brasileña empezó los trabajos de construcción de gigantescas presas para la producción hidroeléctrica sobre la zona protegida tanto del Río Xingú como del Jiriri, su afluente principal, pero luego de grandes marchas indígenas de protesta, los proyectos fueron abandonados.

En fotografías tomadas por satélite, se ve cómo la región del parque indígena Xingú (en verde), está casi totalmente rodeada por zonas cultivadas de soya (en blanco). El aumento exponencial de las tierras cultivadas de soya y utilizadas para la ganadería bovina, y la consiguiente destrucción de enormes territorios de selva virgen es motivo de gran preocupación, no sólo porque amenaza directamente a los pueblos indígenas que dependen del ambiente circundante para su supervivencia, sino también porque causa innumerables daños ambientales y pérdida de biodiversidad, que una vez perdidos no podrán ser recuperados nunca más.

Actualmente para la construcción de la enorme central hidroeléctrica de Belo Monte se pretende represar el río Xingu, un río que es el alma y la base de vida de las comunidades indígenas de la región.
Algunos críticos sostienen que esta inmensa obra sería inútil, ya que durante los tres meses secos no se podría producir electricidad a causa del bajo nivel del río.
El otro proyecto descomunal es el de la presa de Babaquara, que inundaría aproximadamente 6000 kilómetros de selva tropical con una incalculable pérdida de biodiversidad. Ambos proyectos causaran excesivos daños a los autóctonos del área protegida, que verían alterados sus delicados ecosistemas fluviales y forestales. De hecho la energía que se produciría serviría para alimentar las explotaciones y transformaciones mineras. Las presas son en realidad el paso previo a la expansión e invasión de la economía extractiva en la zona.

“Todo ello en nombre del progreso. Progreso con los viejos parámetros de los siglos XIX y XX, que han llevado al mundo al colapso social y ambiental. ¿Es eso lo que queremos? Si nuestros dirigentes y la sociedad como un todo se interesasen en entender la filosofía, la cultura y la inteligencia de los pueblos indígenas, abortarían cualquier proyecto que los amenazase. Y podríamos inaugurar el nuevo paradigma de progreso. El progreso del equilibrio. Seríamos la vanguardia mundial del siglo XXI. Esa es la demanda. Esa es nuestra oportunidad. Tengamos coraje, seamos osados, visionarios. Como lo fueron los que lucharon por la creación del Parque de Xingu hace más de 50 años”.

Parque_Indígena_do_Xingu

Au-Bresil-la-construction-du-barrage-de-Belo-Monte-s-arrete-une-nouvelle-fois_article_popin

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para saber más :

En la wikipedia

“Xingu”: os povos originários e seus atores no Cinema

Xingú, Territorio Tribal

AIDA y la lucha contra la tercera represa más grande del mundo

China invierte 10 mil millones de $ en Belo Monte, Brasil en una gigantesca planta hidroeléctrica

Amenazas sobre el parque Indígena de Xingú

Indígenas del Xingu

La construcción de las represas de Belo Monte, en el Río Xingú, en la Amazonía brasileña

En defensa de la vida, no a las presas de Belo Monte

Povos do Xingu contra a construçao de Belo Monte

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