Existen libros cuya incidencia va más allá del tiempo en el que fueron escritos, obras que, retratan hechos de forma más gráfica y evidente que tratados de mayor enjundia. Primavera silenciosa, libro de referencia de su autora, Rachel Carson, podría considerarse como ejemplo de este tipo de obras, fundamentadas más en el retrato casi fotográfico de una situación histórica que en el análisis pormenorizado de su época. Y no obstante, el movimiento ecologista no sería el mismo si Carson no hubiera esbozado de forma didáctica las contradicciones de la mal llamada revolución verde y su uso indiscriminado de plaguicidas e insecticidas. Leyendo el libro, uno no puede olvidar obras de este tipo. Primavera silenciosa podría ser lo que La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845) de Friedrich Engels fue para el socialismo, o Vindicación de los derechos de la mujer (1792) de Mary Wollstonecraft fue para el feminismo; obras de batalla cuya intención es poner en solfa viejas ideas que crean una situación insostenible para la sociedad del momento, más que plantear las estructuras de un mundo nuevo.

El planteamiento del libro es sencillo pero abrumador. De manera aleccionadora Carson va desgranando los peligros de la aplicación indiscriminada del DDT en la agricultura industrial, con esos enormes y continuos monocultivos que facilitan monoplagas y cuyo tratamiento incide de forma venenosa sobre la biodiversidad y sobre el ser humano. Primavera silenciosa se convierte así en un arrebatado libro-denuncia que surge de la observación, la investigación, y de la experiencia personal, que se convierte en una primera denuncia del abuso de agrotóxicos que hoy día invaden campos de cultivo por todo el mundo, especialmente en los países del Sur. El libro se detiene en la narración del despropósito, en las terribles consecuencias de una fumigación intensiva con productos químicos que afectan a insectos, aves, peces y seres humanos; y lo hace con la esperanza de encontrar una solución que sin embargo no plantea. Por esa razón, la obra final de Carson puede entenderse como un grito desgarrado de una amante de la naturaleza, como el testamento vital de una reconocida bióloga enviado a un ciudadano que todavía es incapaz de calibrar las funestas consecuencias de la industria y de los gobiernos afines. Ahí radica su fuerza.

silent spring book

La estructura del libro es sencilla. Lo más importante para Carson no es tanto teorizar, como explicar al profano, los efectos no deseados, los daños colaterales, como se diría ahora, de las fumigaciones con DDT, mostrando conceptos básicos de biología para no iniciados. Por eso, Primavera silenciosa se inicia con una pequeña fábula sobre un mundo sin pájaros, peces ni mamíferos, que sería contestada después por grandes multinacionales como Monsanto por su alarmismo. No obstante, lo que narra Carson en el libro es radical y necesario, haciendo hincapié en el funcionamiento de la cadena trófica, las aguas subterráneas o el mantillo y los efectos acumulativos que ello conlleva, para luego denunciar la destrucción, el profuso envenenamiento de plantas y animales y sus consecuencias funestas sobre las personas. Lo que demanda Carson es, a fin de cuentas, una mayor responsabilidad en el uso de químicos sin atreverse del todo a reclamar su eliminación total. No obstante, su voz angustiada, a medio camino entre el reportaje y la ciencia, es lo suficientemente alta como para incitar a un cambio de actitud política al respecto. De ahí que diez años después de la publicación del libro se prohibiera definitivamente el uso del DDT en los Estados Unidos, aunque continuara exportandose a otros países con legislaciones más laxas.

Obra esencial para el movimiento ecologista, Primavera silenciosa contribuyó a la eclosión del movimiento de defensa ambiental. Pese a sus inexactitudes y su timidez en algunos aspectos, tiene el arrojo de hablar de la sostenibilidad en fechas tan lejanas como principios de los 60, enfrentándose sin miedo a la gran industria química y su connivencia con los grandes poderes públicos. Lo más hermoso de ello es la consideración que Carson hace de la Naturaleza, verdadera declaración de principios que permanecerá como punta de lanza en posteriores luchas y demandas. Como afirma la propia autora al final de su libro, al hablar de la relación entre hombre y naturaleza: “Esa extraordinaria capacidad de la vida ha sido ignorada por los que practican el control químico, que no ha puesto en su tarea, ni orientaciones de mentalidad elevada, ni humildad ante las vastas fuerzas con las que se entrometen”. Carson fue, sin duda, la primera en conjugar amor por la biodiversidad y acción política para salvarla. Solo por ello, Primavera silenciosa debería ser el libro de cabecera de cualquier persona concienciada y de cualquier amante de la naturaleza.

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