En la expedición a las islas de la Línea, con el objetivo de rodar y mostrar una de las constataciones recientes que más ha sorprendido a los ecologistas: “al contrario de lo que se pensaba, en los arrecifes de coral vírgenes los grandes depredadores como el tiburón son mucho más numerosos que sus presas, lo que supone invertir la pirámide tradicionalmente aceptada”. El resultado de esta expedición es el documental El edén del tiburón.

“Decidimos visitar los únicos lugares vírgenes que quedan en el océano para describir cómo era el mar antes e intentar recuperarlo. En los lugares vírgenes donde no se ha pescado, lo normal es que haya muchos depredadores, entre ellos tiburones. Cuantos más, mejor. Son un indicador de la salud del ecosistema y hay muy pocos lugares donde todavía se pueda ver eso. La mayoría ha desaparecido”.

“Volver a recuperar el mar como estaba antes es imposible. Todos comemos pescado. Pero conociendo cómo era su existencia podemos ser más audaces en los esfuerzos de conservación y ayudar a frenar las pesquerías, porque nos creemos que esto es lo natural, y para nada. Empezamos a degradar los mares mucho antes de que nos metiéramos en el agua con un equipo de buceo. Uno de los objetivos es poner en hora ese reloj ecológico, restaurar el punto de referencia”.

“En la mayoría de los arrecifes del mundo, con muy pocos corales, cubiertos de algas, y montones de bacterias, los grandes animales se han ido. Y esto es también lo que la mayoría de los científicos marinos han visto. Esta es su línea base. Esto es lo que piensan que es natural porque empezamos la ciencia moderna con el buceo mucho después de empezar la degradación de los ecosistemas marinos.

“Lo que vemos ahora no es natural, si antes lo normal era que hubiera meros, ahora la referencia son las medusas”. A pesar de ello, lamenta la falta de compromiso y critica los esfuerzos “irrisorios” de las administraciones, tanto españolas como del resto de países europeos, y ha recordado que tan sólo el 0,01 por ciento del Mediterráneo está protegido”.

“Las reservas son como máquinas en el tiempo, un catálogo para ver las especies actualmente amenazadas: el mero, el coral rojo, la cigala, la megafauna carismática, es como si viajaras hacia atrás, a 300 años antes de la degradación de los mares”.

En zonas muy alejadas de la acción humana, en islas deshabitadas, sus aguas, tal como nos muestra el fotógrafo Brian Skerry, albergan un edén submarino. «Son como los arrecifes de coral de hace mil años»

“En un arrecife de coral sano, la pirámide está invertida. ¡En el arrecife de Kingman, los depredadores suponen el 85%! Eso es como si en la sabana africana hubiera cinco leones por cada ñu.
¿Cómo funciona eso? Bueno, imagina que tienes dos engranajes de un reloj: uno grande y uno pequeño. El grande se está moviendo muy lentamente, y el pequeño se está moviendo rápido. Eso es básicamente lo mismo. Los animales de las partes inferiores de la cadena alimentaria, se reproducen muy rápido, crecen muy rápido, ponen millones de huevos. Arriba, están los tiburones y peces de gran tamaño que viven 25, 30 años. Se reproducen muy lentamente. Tienen un metabolismo lento. Y, básicamente, sólo mantienen su biomasa. Así que, básicamente, el excedente de producción de estos tipos allá abajo es suficiente para mantener esta biomasa que no se mueve. Son como los condensadores del sistema.

Por otro lado, el ecosistema es más resiliente (más adaptable a las perturbaciones). Y puede responder con más rapidez al impacto del cambio climático. En los lugares prístinos, los corales se han recuperado perfectamente; en el resto, no. Cuanto más intacto, más completo, cuanto más compleja sea la red alimentaria, mayor es la capacidad de recuperación, y más probable que el sistema se vaya a recuperar de los impactos a corto plazo de los eventos del calentamiento. Y eso es una buena noticia. Así que tenemos que recuperar esa estructura. Tenemos que asegurarnos de que todas las piezas del ecosistema están ahí para que el ecosistema pueda adaptarse a los efectos del calentamiento global.

La conclusión final es que si queremos que los ecosistemas marinos sean capaces a adaptarse al impacto humano, hay que habilitar muchas más reservas marinas. Actualmente menos del 1% del mar está protegido, comparado con el 12% de la Tierra. Los biólogos recomiendan se proteja el 20% para que los océanos puedan mantener todos esos servicios que nos dan.

Mares prístinos en National Geographic

Además, las reservas resultan rentables económicamente, ya que permiten regenerar las especies y aumentar así la pesca en las zonas limítrofes a la vez que fomenta el turismo medioambiental y de buceo, como ocurre en las Illes Medes, donde “sólo 94 hectáreas” protegidas generan unos ingresos de seis millones de euros.

Cuando protegemos las reservas “inviolables”, y las comparamos con otras áreas no protegidas cercanas, esto es lo que sucede. La cantidad de especies aumenta un 21%. Así, si hay 1.000 especies, uno esperaría 200 más en una reserva marina. Esto es muy importante. El tamaño de los organismos crece un tercio. Así que nuestro pez ahora es más grande. La abundancia, la cantidad de peces por metro cuadrado, se incrementa casi un 170%. Y la biomasa, este es el cambio más espectacular, 4 ½ veces más biomasa en promedio, al cabo de 5 o 7 años. En algunos lugares, hasta 10 veces más biomasa dentro de las reservas.

Dentro de la reserva todas estas cosas crecen, y ¿qué hacen? Se reproducen. Eso es biología de las poblaciones básica. Si uno no mata los peces, les lleva más tiempo morir, se hacen más grandes y se reproducen un montón. Y lo mismo para los invertebrados.

Existen beneficios más allá de los límites de estas reservas que ayudan a las personas a su alrededor, mientras que al mismo tiempo la reserva está protegiendo todo el hábitat, está creando resiliencia.

¿Cómo estas reservas pueden beneficiar a la gente?.
Una vez que los aparejos de pesca más degradantes, las redes de cerco, fueron retirados en zonas de Kenia por ejemplo, los pescadores comenzaron a capturar más. Si uno pesca menos, en realidad captura más. Pero si a eso le agregamos la reserva inviolable, los pescadores siguen haciendo más dinero pescando menos en torno a un área protegida.
Otro ejemplo: el mero de Nassau de Belice en el Arrecife Mesoamericano. Los meros se congregan bajo la luna llena en diciembre y enero durante una semana. Solían congregarse hasta decenas de miles, 30.000 meros de gran tamaño en una hectárea, en una congregación. Los pescadores sabían estas cosas, los atraparon y los diezmaron. Cuando fui allí por primera vez en el 2000, sólo quedaban 3.000 meros. Los pescadores estaban autorizados a capturar el 30% de toda la población de desove cada año.
Hice un análisis muy sencillo, que no requiere mucha ciencia, para darse cuenta que si uno toma el 30% cada año, su pesca va a caer muy rápidamente. Y con la pesca, toda la capacidad reproductiva de las especies se extingue. Sucedió en muchos lugares del Caribe. Pero, si los peces no se acabaran, si atrajéramos sólo 20 buceadores un mes por año, los ingresos serían más de 20 veces mayores. Y eso sería sostenible en el tiempo.

Menos del 1% de los océanos está protegido. Y sólo en una fracción está totalmente vedada la pesca. Los estudios científicos recomiendan que al menos el 20% de los océanos deberían estar protegidos. El rango estimado es de entre el 20% y el 50% para una serie de objetivos de biodiversidad, de mejora en la pesca y capacidad de recuperación.

¿Es esto posible? La gente se preguntará: ¿Cuánto costaría eso? Bueno, pensemos cuánto estamos gastando ahora para subvencionar la pesca: 35 mil millones de dólares por año. Muchos de estos subsidios van a prácticas pesqueras destructivas.
Crear una red de áreas marinas protegidas que cubra el 20% del océano, costaría sólo unos 16 mil millones, sería sólo una fracción de lo que estamos gastando hoy, lo que los gobiernos distribuyen a un modelo de pesca que está colapsando. Las personas están perdiendo sus empleos porque la pesca se está acabando. La creación de una red de reservas proporcionaría empleo directo a más de un millón de personas además de todos los trabajos y beneficios secundarios”.

Si el mundo fuese un lugar más inteligente sostiene Chris Anderson en la conferencia, podríamos resolver este problema con 19 mil millones de dólares menos. Tenemos 19 mil millones para gastar en atención médica o algo así.

“Y además tenemos el bajo rendimiento de la pesca actual, que es de 50 mil millones de dólares. Así que de nuevo, una de las grandes soluciones es hacer que la Organización Mundial del Comercio desplace las subvenciones hacia prácticas pesqueras sostenibles.

¿Cómo podemos hacer eso? Si es tan claro que estas cajas de ahorro son buenas para el medio ambiente y para la gente ¿por qué no protegemos el 20% o el 50% del océano? ¿Cómo podemos alcanzar ese objetivo? Bueno, hay dos maneras de conseguirlo. La solución simple es crear áreas protegidas muy grandes. El problema es que podemos crear estas grandes reservas sólo en lugares donde no hay gente, donde no hay conflicto social, donde el costo político es muy bajo, y los costos económicos también son bajos. Y en eso estamos trabajando.

Pero ¿qué pasa con el resto de la costa del mundo, donde la gente vive o se gana la vida con la pesca? Bueno, hay tres razones principales por las que no tenemos decenas de miles de pequeñas reservas. La primera es que la gente no tiene idea de para qué sirven las reservas marinas. Y los pescadores tienden a ser muy, muy defensivos cuando se trata de regulación o de cierre de una zona, incluso si es pequeña. En segundo lugar, la gobernanza no es correcta porque la mayoría de las comunidades costeras del mundo no tienen la autoridad para controlar los recursos, crear la reserva y garantizar su cumplimiento. Es una estructura jerárquica vertical donde la gente espera que vengan los agentes del gobierno. Y esto no es efectivo; el gobierno no tiene suficientes recursos.

Esto nos lleva a la tercera razón. La razón por la que no tenemos muchas más reservas es que los modelos de financiación estaban equivocados. Las ONG y los gobiernos gastan mucho tiempo, energía y recursos en pocas zonas pequeñas, por lo general. Así que la conservación marina y la protección costera se ha convertido en un sumidero de dinero para gobiernos y filántropos y esto no es sostenible. Las soluciones están resolviendo estos tres temas. Primero, tenemos que desarrollar una alianza de conciencia global para inspirar a comunidades locales y gobiernos para que creen reservas ‘inviolables’ mejores de las que tenemos ahora. Es la caja de ahorros versus la cuenta de débito sin depósitos. En segundo lugar, hay que rediseñar el gobierno para que los esfuerzos de conservación puedan descentralizarse, no dependan del trabajo de las ONGs o de las agencias gubernamentales y puedan ser creados por las comunidades locales como ocurre en Filipinas y algunos otros lugares. Y en tercer lugar, y muy importante, tenemos que desarrollar nuevos modelos de negocio. El pozo filantrópico como única manera de crear reservas no es sostenible. Realmente tenemos que desarrollar modelos, modelos de negocio, donde la conservación costera sea una inversión. Porque ya sabemos que estas reservas marinas proporcionan beneficios sociales, ecológicos y económicos.
Ninguna organización por sí sola va a salvar al océano. Ha habido mucha competencia en el pasado. Y tenemos que desarrollar un nuevo modelo de asociación, verdaderamente colaborativo, donde busquemos la complementariedad y no la sustitución. Los riesgos son demasiado altos para continuar por el camino que vamos. Así que hagámoslo. Muchas gracias”.

Extraído de una conferencia TED

Al final de la conferencia, Chris Anderson : “La última es una pregunta personal. Muchas de las personas que han estado en los océanos durante mucho tiempo han estado viendo esta degradación. Los lugares que vieron una vez hermosos cada vez peor, deprimentes. Háblame de la sensación que debes haber experimentado al ir a estas áreas prístinas”.

“Es una experiencia religiosa. Vamos allí para tratar de comprender los ecosistemas, para tratar de medir o contar peces y tiburones y ver cómo estos lugares son diferentes de los lugares que conocemos. Pero la mejor sensación, es esta biofilia de la que habla E.O. Wilson en la que los seres humanos tienen este sentido de reverencia y asombro frente a la Naturaleza indómita, a la Naturaleza en bruto. Y allí, sólo allí, uno se siente parte de algo más grande, de un ecosistema global más amplio. Y de no ser por estos lugares que despiertan esperanza, creo que no podría continuar haciendo este trabajo. Sería demasiado deprimente.

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