Se atribuye a Einstein la frase de que no se puede hacer lo mismo y pretender obtener resultados distintos. Por ello si utilizamos la reflexión y el pensamiento es para crear nuevos marcos de referencia para poder leer la realidad con un nuevo prisma y alumbrar nuevas concepciones para salir de la profunda crisis civilizatoria actual. Hay grandes pensadores a lo largo de la historia que han ido sembrando revoluciones conceptuales que se han convertido en revoluciones culturales. Existen una serie de científicos y pensadores pioneros, que se mantienen en los márgenes tanto de lo académico, como de los movimientos ecologistas, sociales e incluso culturales, y que poco a poco van permeando la sociedad poniendo las bases de un nuevo paradigma de la ciencia. La psicología social nos dice que las minorías son las semillas de las transformaciones, por ello vamos a ver en este artículo a algunos de estos autores que podrían poner las bases del cambio de paradigma para una nueva civilización ecológica, o como algunos pensadores proponen, una nueva era Ecozoica o Biocivilización.

Estamos hablando de autores como Fritjof Capra, Thomas Berry, Brian Swimme, Leonardo Boff, Ken Wilber, Joanna Macy, Theodore Roszak, Arne Naess, Mary Evelyn Tucker, Raimon Panikkar, Vandana Shiva, y otros muchos intelectuales, activistas, pensadores y soñadores. Parafraseando a Chartres cada uno de estos autores sienta su conocimiento a hombros de gigantes del pasado, filósofos que ahora no tenemos tiempo de nombrar, como los románticos, los trascendentalistas americanos, la filosofía perenne, tradiciones que llegan hasta los primeros sentimientos de reverencia y asombro que surgieron en la noche de los tiempos observando el reflejo de la naturaleza y las estrellas del firmamento.

No pretendemos profundizar en el pensamiento de cada uno estos autores, pero simplemente saborear de forma general algunas de sus ideas principales. Tampoco pretendemos nombrar a todos.

El concepto de ecosofía fue gestado a la vez por Arne Naess y Raimon Panikkar, mientras que Roszak era considerado el representante más destacado de los inicios de la ecopsicología.

Raimon Panikkar nos dice que “más allá de una simple ecología, la ecosofía es una sabiduría-espiritualidad de la tierra. “El nuevo equilibrio” no es tanto entre el hombre y la tierra, sino entre materia y espíritu, entre el espacio-temporalidad y la conciencia. La ecosofía no es una simple “ciencia de la tierra” (ecología) ni siquiera una “sabiduría sobre la tierra”, sino “sabiduría de la tierra misma” que se manifieste al hombre cuando sabe escucharla con amor.”

Para Arne Naess creador de lo que se llama ecología profunda, la ecosofía es una filosofía de armonía o equilibrio ecológico; para Thomas Berry, la relación entre el ser humano y la naturaleza es el tema principal de nuestro tiempo, para comprender que el universo es una comunión de sujetos en lugar de una colección de objetos. En esta relación entre la psicología y la ecología es donde Roszak plantea su ecopsicología, reflexionando en profundidad escuchando la voz de la tierra. Escuchar los llantos de la tierra nos dicen Joanna Macy y Thich Nhat Hanh, no es siempre agradable, pero sentir realmente desde el corazón el dolor de la tierra es la única manera que tenemos para ser realmente conscientes de la situación actual y poder transformarla. Un grito de la tierra y de los pobres que el teólogo Leonardo Boff recogió, en su ecología integral, en sus conceptos de eco-justicia y que han llegado al corazón mismo de la doctrina de la Iglesia Católica con su reciente encíclica “Laudato Si”.

Warwick Fox en su ecología transpersonal, reflexiona siguiendo los pasos de Arne Naess y Gregory Bateson sobre la identidad ecológica, el self-ecológico, y como nos podemos sentir (parte de) un ser mas allá de las fronteras de nuestro propio cuerpo físico.

Y Capra plantea su visión de la teoría de sistemas, basado en las ideas de Ludwig von Bertalanffy y recogido por Wilber quien desarrolla la teoría holística, describiendo con todo detalle el concepto de holón propuesto por Koestler. Concibiendo que todo en este universo son holones, todo está compuesto de un conjunto de sistemas autoorganizados que forman un todo, y a la vez, este todo forma parte de otros sistemas mayores que también se autoorganizan. Morin desarrolla la teoría del pensamiento complejo, por su parte Maturana y Varela hacen una profunda aportación con su concepto de autopoyesis, un sistema que es capaz de reproducirse y mantenerse a sí mismo con un intercambio con el exterior. Ahí llega James Lovelock, que reencanta la naturaleza y nos plantea su teoría Gaia, la tierra como un complejo sistema vivo autoregulado. Y Margulis desde la biología encabeza una mirada cooperativa, de apoyo mutuo de la evolución, con la simbiogénesis. Desde la química, Ilya Prigogine ganó el premio nobel por sus trabajos sobre la autoorganización de la materia, en las estructuras disipativas, Y en psicología Fritz Perls hizo famosa la idea de Aristóteles de que “el todo es mayor que la suma de las partes”, una frase que sintetiza de forma excelente la teoría holística de la emergencia de sistemas complejos autoorganizados.

Veamos cómo podemos llevar estos conceptos de la ecosofía, a un aspecto práctico y urgente como es la autoorganización político-social humana.

Como hemos visto, la teoría de sistemas, el holismo, nos explica que todo en la naturaleza son sistemas que cuando se autoorganizan alcanzan un nuevo nivel de complejidad evolutiva, desde los átomos hacia los genes, de los genes hacia las células, de las células hacia los sistemas vivos complejos, que forman los ecosistemas, que forman la atmósfera, y la biosfera. De la misma manera funciona en el nivel interno, subjetivo, incluso en los sistemas de pensamiento…
El ser humano, entendiéndonos como un holón (un todo—emergente/y a la vez parte, formado de sistemas y dentro de sistemas), tenemos el reto de autoorganizarnos en colectivo, para que pueda emerger un nuevo nivel de complejidad en la naturaleza, en este caso social, Lo que Wilber llamaría el cuadrante externo-colectivo; y para ello necesitamos un cambio en lo interno-colectivo, la cultura. Necesitamos una nueva forma de entender nuestras relaciones y formas organizativas.

La identidad planetaria es uno de nuestros mayores retos. Están surgiendo muchas estructuras nuevas de pensamiento colectivo, de inteligencias colectivas, en red, de metodologías de participación; donde la base es escuchar(se) todas las voces, y reconocer las culturas dentro de las culturas, los pueblos, las identidades colectivas, el nosotros, como parte de la identidad terrestre…una conciencia de ser—(en)—la—tierra que puede reconocerse en todos como igual, diría incluso en todos los seres sintientes.

Actualmente en grandes empresas pioneras, por ejemplo en Sílicon Valley, están trabando para lograr organizaciones sociocráticas o holocráticas. Como nos cuenta Jose Luis Escorihuela, inspirado en trabajos como los de Brian Robertson, “la holocracia es básicamente el gobierno de una organización por sí misma…como un sistema vivo, autoorganizado, autorregulado, autónomo, con intencionalidad y agencia propias… atiende desde el cuidado las necesidades de todas las personas implicadas en su funcionamiento y en sus actividades (propietarios, trabajadores, clientes, comunidad), de la misma manera que un sistema vivo atiende con cuidado las necesidades de todas sus partes, a la par que cuida de sí misma y de su propia integridad tomando las decisiones adecuadas para ello”. Si podemos empezar a aplicar modelos sociocráticos o holocráticos, participativos en la toma de decisiones, en cada uno de nuestros espacios de convivencia, podremos poner las bases de un salto en la complejidad del kosmos tal y como lo concebimos hasta ahora. Empoderando responsablemente la consciencia intersubjetiva como espacio político donde aprender a co-crear sistemas emergentes de autoorganización comunitaria.

Para ello no basta con la inteligencia emocional e instintiva. Hace falta desarrollar capacidades de la inteligencia social para la identidad grupal y de la inteligencia ecológica para la identidad terrestre.

Daniel Turon

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