Agricultura permanente

“Un importante reto actual es pasar de una agricultura que imita la industria a una agricultura que imite a la naturaleza, nos cuenta JANINE BENYUS. Tenemos enormes campos de monocultivos, que hay que reponer cada año, y que, además, hay que proteger con pesticidas basados en hidrocarburos, de manera que, en términos generales, tenemos que aportar unas 10 kilocalorías de petróleo para sacar una kilocaloría equivalente de alimentos”
Los campos con plantas anuales y monocultivos requieren mucho mantenimiento. Porque las plagas pueden sobrevenir y, si encuentran la manera de afectar a una de esas plantas, de atacarla, entonces pueden ir a la planta de al lado y atacarla también. Y, por el camino, van teniendo crías… ¡es así como empiezan estas enormes epidemias! Por eso las plagas requieren una gran lucha por nuestra parte. En cambio, en una pradera salvaje, tenemos varias plantas distintas una al lado de la otra, así que si la plaga llega a la planta de al lado, ¡tal vez no pueda atacarla! Tal vez se detenga de modo natural. Por tanto, estas mezclas silvestres son mucho más autosuficientes.

Así que WES JACKSON en The Land Institute, lo primero que intenta es convertir los cultivos anuales en perennes. De hecho, solían ser perennes y sobrevivir al invierno. Pero ya desde el inicio de la agricultura, los cambiamos, para poder extraer las semillas y poder desplazarnos con ellas, llegar al siguiente sitio y plantarlas. Él y sus investigadores intentan partir de las variedades salvajes de trigo y de zahína y devolverles la capacidad de invernar, de sobrevivir al invierno. “Intentamos ir a unas praderas multicultivo en las que hay cantidad de cultivos distintos, y que sea una agricultura que, en lugar de ser extractiva y que imita a la industria, fuera una agricultura que se renovara a sí misma y que imita a la naturaleza”.

Los ecosistemas naturales, contienen un notable sistema de producción de alimentos: es productivo, resistente, auto-enriquecedor y, en definitiva, sostenible. Las modernas prácticas agrícolas de la humanidad son también muy productivas, pero sólo en el corto plazo: el riego, fertilizantes, plaguicidas y los insumos de los que los cultivos alimentarios modernos dependen tanto, agotan y contaminan el agua y los recursos del suelo, que son cada vez más escasos. El Land Institute ha venido trabajando con éxito en la revolución de las bases conceptuales de la agricultura moderna, mediante el uso de praderas naturales como modelo. Han demostrado que el uso de plantas con raíces profundas que sobreviven de un año a otro (perennes) en los sistemas agrícolas que imitan los ecosistemas naturales estables -en lugar de la maleza común en muchos modernos sistemas de cultivo agrícola- pueden producir rendimientos equivalentes en grano y mantener, e incluso mejorar, el agua y los recursos del suelo de los que depende la agricultura del futuro. Hoy ya están “perennializados” el trigo, el centeno y el sorgo.

“A la hora de construir una célula solar y generar electricidad, ¿por qué no fijarse en una hoja y en la fotosíntesis? Aunque parezca mentira, no lo habíamos hecho antes… De hecho, hasta mediados de los ochenta no sabíamos cómo funcionaba realmente la fotosíntesis… Sigue habiendo algún misterio. El caso es que, a medida que íbamos entendiéndolo mejor, nos percatamos de que esta manera de obtener energía solar difiere de la de las células fotovoltaicas. De repente, tenemos biomimetismo, tenemos ingenieros que empiezan a descubrir, gracias a los biólogos, cómo lo ha solucionado la vida, y hemos llegado a un punto en el que pueden decir: «bueno, tal vez podamos emular ese principio. ¡Tal vez haya una manera distinta de hacerlo!”.

Tenemos científicos que estudian la hoja y su funcionamiento, descifran el puzzle pieza a pieza. Pero luego, cuando sostienen una hoja en la mano lo único que me preguntan los ingenieros es su eficacia a la hora de obtener energía solar. Y, en este sentido, la hoja no es tan eficaz como los paneles solares de la Estación Espacial. Sin embargo, esta hoja está hecha de materiales locales. Se basa en la luz del sol, pero hace mucho más que capturar luz solar, también se encarga de la protección frente a plagas, es un radiador de calor, distribuye fluidos de la forma más adecuada matemáticamente en un esquema de ramas; cuando azota el viento, la hoja se contrae formando un cilindro…

LEONARDO DA VINCI un precursor

La idea de imitar a la naturaleza no es nueva. Muchos pueblos indígenas y en la antigüedad, conscientemente o no, diversas creaciones humanas tenían tras de sí una fuerte inspiración natural. LEONARDO DA VINCI, entre otros fenómenos, analizó el vuelo de los pájaros e intentó traspasar sus estudios a máquinas de vuelo. El concepto se ha desarrollado en una tradición que tiene en LEWIS MUMFORD, RAMON MARGALEF, H. T. ODUM o BARRY COMMONER algunos de sus eslabones esenciales.

Los orígenes modernos de la Biomímesis suelen atribuirse al ingeniero RICHARD BUCKMINSTER FULLER, diseñador, ingeniero, visionario e inventor estadounidense, que se hacia la pregunta: “¿Tiene la humanidad una posibilidad de sobrevivir final y exitosamente en el planeta Tierra y, sí es así, cómo?”. En las últimas décadas la biónica ha pasado a ser una auténtica ciencia, gracias a la mejora de métodos: potencia de los ordenadores, microfotografía, microscopio electrónico de barrido.

Un posterior y más actual desarrollo conceptual corresponde a la científica JANINE BENYUS, que en 1997 publicó el libro de referencia Biomimicry: Innovation Inspired by Nature. En su investigación para el libro, examinó docenas de ejemplos de sus colegas, recogidos de la literatura científica, y halló que la biomímesis es una disciplina floreciente en el ámbito científico.

No disponemos de materiales infinitos. Por tanto, debemos encontrar la manera de reducir nuestro consumo de combustibles fósiles y utilizar la cantidad mínima de energía, y disminuir nuestro uso de materiales, nos estamos ahogando en nuestro propio veneno; tenemos que dejar de utilizar tóxicos. Cuando sales al mundo natural, cuando caminas por la naturaleza, estás en un variado y hermoso laboratorio de química en el que no hay que llevar mascarilla, ni gafas protectoras, porque la vida ha descubierto la manera de hacer lo que intentamos hacer nosotros ahora: ser sostenibles“.

De modo que, si nuestros diseños y nuestra economía imitaran al mundo natural, seríamos una especie más amigable para el planeta.

La biomímesis es una estrategia de reinserción de los sistemas humanos dentro de los sistemas naturales, para reintegrar la tecnoesfera en la biosfera. Estudiar esta última nos indica como reformar el mal diseño de aquella, para reconstruir los sistemas humanos haciéndolos compatibles con la biosfera, de manera que encajen armoniosamente, sin inconsistencias, con los sistemas naturales.

No sólo se trata de una aplicación de ingeniería o arquitectura… Se trata de comprender los principios de funcionamiento de la vida en sus diferentes niveles (en particular al nivel de ecosistema), de manera que el espacio urbano, industrial y agrario, se parezca más al funcionamiento de los ecosistemas naturales. La naturaleza, “la única empresa que nunca ha quebrado en unos 4.000 millones de años” según el biólogo FREDERIC VESTER, nos proporciona el modelo para una economía sostenible y de alta productividad. ¿Podrá la biomímesis inspirarnos para una reconstrucción ecológica de la economía?

“Claro, comenta GUNTER PAULI. En epoca de crisis la industria recorta los gastos y despide empleados. Las Nuevas tecnologías tienen más oportunidades de entrar en el mercado gracias a los emprendedores, que encuentran menos resistencia de la guardia industrial tradicional”.

Jordi Alemany

JANINE BENYUS, líder de la Red de Biomímesis, y fundadora del Biomimicry Institute y de Biomimicry Guild (EEUU). “La Biomímesis es ciencia puntera en la economía del siglo XXI y está basada en 3,8 billones de años de evolución. Obviamente, la manera en que la naturaleza crea substancias nuevas, genera energía y sintetiza estructuras excepcionales son indicadores de cómo los seres humanos podemos sobrevivir y prosperar en este planeta”.

GUNTER PAULI, fundador y director de ZERI “El vapor y el carbón transformaron el siglo XIX, las telecomunicaciones y la electrónica, el siglo XX. Ahora estamos al borde de una revolución basada en la biología”.

La naturaleza como modelo: Biomímesis es una nueva ciencia que estudia los modelos de la naturaleza y luego los imita, o toma inspiración de esos diseños y procesos para resolver los problemas humanos.
La naturaleza como mentor: Biomímesis usa un estándar ecológico para juzgar la certeza de las innovaciones. Después de 3.800 millones de años de evolución, la naturaleza ha aprendido: lo que funciona, lo que es apropiado, lo que perdura. Sólo vive lo que funciona.
La naturaleza como medida: La Biomímesis es una nueva forma de ver y juzgar la naturaleza. Inicia una era basada, no en qué podemos extraer del mundo natural, sino en qué podemos aprender de él.

Para saber más :
Biomimicry: Innovation Inspired by Nature. Janine Benyus. 1997. Adaptado y reeditado en 2002 y finalmente traducido al castellano y publicado en 2012 por Tusquets editores, Biomímesis, col. Metatemas.
La Economía Azul. Gunter Pauli 2011. Tusquets editores, col. Metatemas.

En la red :
Zero Emissions Research and Initiatives
The Blue Economy
Biomimicry 3.8

Biomímesis y Bioinspiración para el desarrollo sostenible

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